Sobre Nosotros

"Somos una plataforma dedicada a difundir el turismo y la cultura. Estamos convencidos de que compartir esta información te ayudará a planear tu próxima experiencia de viaje en el estado de Guanajuato".

Visítanos

Una obra que cruzará los muros hasta el Cervantino

Una obra que cruzará los muros hasta el Cervantino

Durante siete meses, personas privadas de la libertad convirtieron Los tres mosqueteros en teatro, escenografía y una posibilidad de transformación. Ahora, Más allá del honor llegará al 54 Festival Internacional Cervantino a través del Proyecto Ruelas.

Primero llegaron los libros. Después aparecieron diálogos, espadas, muebles, vestuarios y hasta unas catacumbas hechas con cartonería. Siete meses más tarde, dentro del Ceprereso de Guanajuato, Los tres mosqueteros se habían convertido en algo diferente: una obra construida colectivamente que ahora encontrará una manera de cruzar los muros y llegar al Festival Internacional Cervantino.

Se llama Más allá del honor y quizá su historia sea tan importante como la que ocurre sobre el escenario.

Todo comenzó con Alejandro Dumas

El proceso arrancó el 10 de febrero con la novela de Alejandro Dumas como punto de partida.

D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis comenzaron a aparecer entre lecturas, conversaciones y ensayos.

Pero conforme avanzaron los meses, la historia dejó de ser solamente la aventura escrita por el novelista francés.

Las personas privadas de la libertad participaron en la adaptación, aprendieron diálogos y movimientos, pero también construyeron parte del universo que necesitaban para contarla.

Hubo que fabricar muebles, espadas, escenografías y vestuario. Aparecieron incluso catacumbas hechas con huesos y calaveras de cartonería.

Algunos comenzaron detrás del escenario y terminaron sobre él.

Del taller de carpintería al escenario

Juan Antonio participaba fabricando mobiliario y ayudando con la tramoya. Actuar no estaba en sus planes.

“Yo lo veía imposible para mí”, recuerda.

Cuando uno de los integrantes dejó el elenco, recibió la invitación para sustituirlo.

El escenario que había ayudado a construir ahora le exigía subir a él.

Sus compañeros llevaban meses ensayando, pero lo ayudaron a ponerse al corriente. Finalmente se convirtió en el capitán de Tréville.

Algo parecido ocurrió con Juan Gerardo.

También comenzó entre utilería, muebles y espadas hasta que un cambio en el reparto le dejó menos de 15 días para convertirse en Porthos.

Durante una semana llevó prácticamente el libreto consigo a todas partes. Después llegó la función y apareció el mosquetero.

“Nos enseñó a volver a mirar hacia arriba”

Pero aprender teatro significó algo más que memorizar palabras.

Juan, encargado de interpretar al Conde de Rochefort, encontró el reto en algo aparentemente sencillo: la mirada.

El trabajo escénico le exigió levantar la cabeza, mirar al frente, proyectar la voz y ocupar el espacio de otra manera.

“Nos enseñó a volver a mirar hacia arriba”, recuerda sobre el proceso de construcción de los personajes.

También participó en la adaptación del guion y en las piezas utilizadas para recrear las catacumbas de París.

Su manera de explicar lo que encontró sobre las tablas es todavía más breve:

“El teatro me permite, en un espacio, ser libre”.

Milady y la posibilidad de transformarse

Luis Enrique tuvo otro desafío: convertirse en Milady de Winter.

Para construir a una de las grandes antagonistas de la historia tuvo primero que regresar a la novela, conocer su pasado e intentar comprender las razones detrás de sus decisiones.

En algún momento estuvo a punto de abandonar.

Subir al escenario implicaba exponerse ante los demás y enfrentarse también a inseguridades propias.

Decidió continuar.

Meses después, aquella transformación teatral terminó provocándole otra reflexión:

“Así como todos mis compañeros han actuado y se han transformado en un personaje, también podemos transformar nosotros mismos nuestra vida”.

Al finalizar la presentación, Milady recibió una ovación.

D’Artagnan volvió a soñar

Luis encontró también parte de su propia historia en D’Artagnan, aquel joven que abandona su hogar persiguiendo el sueño de convertirse en mosquetero.

Comenzó en el proyecto buscando simplemente participar en una actividad.

Después descubrió que interpretar significaba intentar comprender lo que siente otra persona.

Y cuando el escenario finalmente estuvo terminado, encontró una manera distinta de describir lo que veía:

“Cuando veo este escenario, pienso en poder soñar de nuevo, ser libre”.

Ahí está quizá la verdadera historia de Más allá del honor.

No solamente en lo que ocurre con D’Artagnan, Milady o Porthos, sino en lo que ocurrió durante los meses necesarios para construirlos.

Del Ceprereso al Cervantino

La obra tendrá ahora una segunda vida.

Más allá del honor será grabada para incorporarse a la edición 54 del Festival Internacional Cervantino mediante el Proyecto Ruelas.

Y hay una coincidencia especialmente significativa.

Una adaptación construida a partir de la novela del francés Alejandro Dumas llegará al Cervantino precisamente en una edición que tiene a Francia como país invitado de honor.

Quienes cruzarán los muros no serán físicamente los actores.

Lo harán sus personajes, sus voces, la escenografía que construyeron y siete meses de trabajo colectivo convertidos en una obra.

Proyecto Ruelas: volver al origen comunitario del Cervantino

La participación ocurre mediante el Proyecto Ruelas, iniciativa que recupera la vocación comunitaria ligada al origen del propio Festival Internacional Cervantino.

El proyecto entiende el teatro como una práctica colectiva y como una posibilidad para acercar las expresiones artísticas a diferentes comunidades.

En este caso, el trabajo involucró mucho más que actuación.

Hubo participantes en música, danza, vestuario, escenografía y producción, además del acompañamiento de las distintas áreas del centro penitenciario.

Y detrás del escenario estuvieron también las familias.

Algunas pudieron observar finalmente aquello que durante meses habían conocido solamente mediante conversaciones y referencias de sus seres queridos.

Destino G46 | Para seguir la historia

Obra: Más allá del honor.
Inspirada en: Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.
Proceso: más de siete meses de trabajo dentro del Ceprereso de Guanajuato.
Participación: actuación, adaptación, música, danza, vestuario, escenografía y producción.
Destino: 54 Festival Internacional Cervantino.
Proyecto: Ruelas.
Formato: la obra será grabada para formar parte del Festival.

Una historia detrás del Cervantino

Cuando llegue el momento de verla, quizá valga la pena recordar todo aquello que la cámara no podrá mostrar.

Las horas leyendo a Dumas. Las espadas construidas a mano. Las catacumbas de cartón. El actor que comenzó como carpintero. El Porthos que tuvo menos de 15 días para aprender su personaje. La Milady que estuvo a punto de abandonar. Las familias esperando del otro lado.

Después se apagarán las luces y cada participante regresará a su realidad.

Pero la obra habrá conseguido hacer algo que parecía imposible al comenzar los ensayos:

cruzar los muros.

Y cuando Más allá del honor encuentre al público del Cervantino, aquella vieja frase de Dumas adquirirá un significado distinto:

“Uno para todos y todos para uno”.

Posts Carousel