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Chely González: herencia que sabe a hogar

Chely González: herencia que sabe a hogar

Chely González, cocinera tradicional de Guanajuato, mantiene viva la herencia del pambazo de San Francisco del Rincón, una cocina que sostiene a la familia, preserva la identidad local y convierte el sabor en legado.

Desde San Francisco del Rincón, Chely González preserva la cocina popular como herencia familiar, identidad local y sustento que pasa de generación en generación.

En los puestos de barrio y en las recetas heredadas se guarda una de las expresiones más vivas del sabor guanajuatense

La cocina tradicional de Guanajuato también se escribe desde los barrios, los anafres encendidos y los negocios familiares que sostienen hogares enteros. Así se vive en la historia de Chely González, cocinera tradicional de Guanajuato y orgullo de San Francisco del Rincón, donde el sabor se hereda y se convierte en forma de vida.

Su historia comenzó hace más de tres décadas, cuando su madre inició un pequeño negocio por necesidad económica. El pambazo, el pozole y la patita en vinagre fueron la base de un proyecto construido con constancia y reconocimiento popular. Chely creció entre ollas y aromas. “Vendíamos solo los sábados y yo ya quería que fuera sábado para venir a ayudarle”, recuerda.

Con el tiempo, su participación dejó de ser apoyo y se convirtió en vocación. Hace once años abrió su propio espacio, consolidando un legado familiar que hoy sostiene a toda la casa. Su esposo, su hijo y un sobrino trabajan con ella. “Ya somos la tercera generación. Primero fue mi mamá, ahora soy yo y mi hijo ya trae sus propios proyectos”, comparte con orgullo.

El pambazo que da identidad al Rincón

El platillo que define a San Francisco del Rincón es el pambazo, preparado con un pan especial de la región: más grande, más suave y distinto a cualquier otro. Esta singularidad dio origen al Festival del Pan Bazo, que se celebra cada septiembre y reconoce este alimento como parte esencial de la identidad local.

“El pan es lo que nos distingue. Se hace aquí y no se parece a ningún otro”, explica Chely. La receta tradicional se prepara con frijol y papa, aunque ella también ofrece variantes con chorizo o carne molida, respondiendo al gusto de quienes llegan a probarlo. “El cliente manda. Yo preparo el pambazo y también me lo como. Digo que me como de mi propio veneno”, dice entre risas, reflejo de una cocina cercana y honesta.

Ser cocinera tradicional de Guanajuato transformó su vida. En momentos difíciles, la cocina fue refugio y oportunidad. “De aquí salió para la escuela de mis hijos y para el sustento de mi casa. La vida da vueltas y la cocina nos sacó adelante”, afirma.

Chely González representa a cientos de mujeres que, desde la cocina popular, construyen identidad, economía familiar y orgullo comunitario. Su invitación es sencilla y profunda: probar Guanajuato, volver por su comida y reconocer que cada platillo lleva historia, esfuerzo y corazón.

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