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Eusebia Godina Ramírez enaltece la cocina otomí

Eusebia Godina Ramírez enaltece la cocina otomí

Desde la comunidad otomí El Llanito, en Dolores Hidalgo, Eusebia Godina resguarda la tortilla ceremonial y una cocina ritual que honra la tierra, el maíz y la memoria viva de Guanajuato.

Desde El Llanito, en Dolores Hidalgo, resguarda la tortilla ceremonial y un legado que une cocina, espiritualidad e identidad indígena.

En Guanajuato, la cocina tradicional también es un acto sagrado, un ejemplo de ello es la tortilla ceremonial. Hay platillos que no solo alimentan, sino que narran el vínculo profundo entre la tierra, la memoria y los rituales comunitarios. Así es la cocina de Eusebia Godina Ramírez, cocinera tradicional otomí de la comunidad indígena El Llanito, en el municipio de Dolores Hidalgo, donde el fogón conserva saberes ancestrales que siguen vivos.

La herencia que se aprende desde la infancia

El camino de Eusebia en la cocina comenzó en casa, al lado de su abuela y su madre. Desde niña aprendió a reconocer sabores, tiempos y equilibrios. “Desde chiquita empecé a aprender a preparar varios sabores”, comparte. Para ella, cocinar no es repetir recetas, sino entender el carácter de cada ingrediente y el sentido que tiene dentro de su comunidad.

Hierbas, permiso y respeto a la madre tierra

El corazón de su cocina está en las hierbas de olor: tomillo, mejorana, hierbabuena, orégano, laurel y cilantro, acompañadas de plantas como el árnica y la Santa María. Cada una se recolecta con respeto, conocimiento y permiso a la tierra. “Hay que saber cómo y cuándo usarlas. De ahí nace el sabor que ofrecemos”, explica, dejando claro que el sazón comienza antes de llegar al fogón.

La tortilla ceremonial: maíz, memoria y espiritualidad

Uno de los tesoros más valiosos que resguarda Eusebia es la tortilla ceremonial otomí, elaborada con un sello de madera heredado de generación en generación: de su bisabuela a su abuela, de su madre a ella. Este sello no es solo una herramienta, sino un símbolo de identidad y continuidad cultural.

La tortilla ceremonial se prepara y se ofrenda cada 4 de enero, durante la celebración del Señor San Salvador, Consuelo de los Afligidos, santo patrono de la comunidad. En esta ceremonia se agradece el ciclo que termina y se pide bendición para el nuevo año, recordando que el maíz y el frijol son la base de la vida.

El ritual de los cuatro vientos

Antes de compartir los alimentos, la comunidad realiza la bendición y el ritual de los cuatro vientos, donde se pide permiso al aire, al fuego, a la tierra y al agua. Este acto honra a la madre tierra y reafirma el vínculo espiritual con los elementos naturales. “De la tierra venimos y de ella dependemos”, expresa Eusebia, convencida de que la cocina es también un diálogo con la naturaleza.

Cocinar con amor y compartir en comunidad

Para Eusebia, el ingrediente más importante es el amor. Cocinar implica paciencia, disposición y probar una y otra vez hasta encontrar el punto exacto. “Cuando te dicen ‘está bien rico’, el amor que das regresa”, afirma.

Además de su labor individual, forma parte de un grupo de 15 cocineras tradicionales, quienes se unieron para rescatar recetas que estaban en riesgo de desaparecer. Juntas comparten conocimientos, fortalecen la convivencia y aseguran que la cocina otomí siga viva. “Decidimos unirnos para que nuestras recetas no se pierdan. Es un trabajo muy bonito”, señala.

Un patrimonio vivo que también se visita

La historia de Eusebia Godina Ramírez refleja el sentido del turismo con identidad que distingue a Guanajuato: experiencias que conectan al visitante con la raíz indígena, la cocina ritual y la memoria viva de los pueblos originarios. En cada tortilla ceremonial, en cada hierba y en cada platillo, se preserva un legado que sigue hablando a través del sabor.

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